Santi Jordi: “Cada vino debe ser como las personas, únicos e irrepetibles”

Sentarme a la mesa junto a Santiago Jordi ha sido para mí un antes y un después en esta aventura de los vinos andaluces.

Santiago Jordi, natural de Jerez de la Frontera, con tan sólo 20 años se convierte en el pionero del cultivo de variedades tintas en Cádiz. Decide experimentar en la finca familiar, y eso le lleva a licenciarse en Enología y Viticultura en la Universidad de Cádiz. Trabajó  a lo largo de toda la Península, formándose con los mejores y aprendiendo todo lo necesario para convertirse en lo que es hoy.  No saciado con lo aprendido, decide marcharse fuera de España para crecer aún más como enólogo. En 2010 se convierte en el presidente más joven de la Asociación Andaluza de enólogos. En 2012 y hasta la actualidad es nombrado Presidente de la Federación Española de Asociaciones de Enólogos. Su carrera es imparable. Crea proyectos vitivinícolas para las mejores bodegas, poniendo su sello de autor. La filosofía de Santiago Jordi se resume en estas bellas palabras, “Cada vino debe ser como las personas, únicos e irrepetibles”.

Cuando compartes mesa con alguien con quien coincides en tu visión sobre los vinos, todo se convierte en mágico. Escuchar a Santiago es como escuchar a un niño que te cuenta lo que le hace feliz. Se emociona hablando de su proyecto personal. Cómo cuida cada detalle desde la poda de la cepa hasta la vinificación, cómo imagina el final de cada uva y cómo imagina la cara del comensal que va a disfrutar de su vino. Santiago quería hacer algo que fuera sólo exclusivo de él. Vinos de una producción muy limitada y que fueran inolvidables para quien los probara.

Para mí es todo un placer que me haya brindado la oportunidad de promocionar sus vinos, de los cuales os hablaré a continuación. Dos de ellos no son vinos elaborados en Andalucía, y en esta ocasión no quiero dejar pasar la oportunidad de hablar de ellos igualmente.

Ser o no Ser,  Denominación de Origen Toro, monovarietal de Tinta de Toro, crianza 12 meses en barricas de roble francés. Uvas procedentes de cepas de entre 40 a 50 años con una altitud de 750 metros. Según su autor, es un toro domado, de color rubí y notas violáceas. En nariz es muy fragante y con notas de café muy pronunciadas y de fruta roja madura. En boca es aterciopelado y de paso muy elegante, recuerda a compota de fruta.

Flor de un día, Tierras de Castilla y León, provincia de Valladolid, monovarietal de Tempranillo, crianza en roble francés y afinado en botas de palo cortado de Jerez. Uvas procedentes de cepas de entre 80 y 90 años con una altitud de 870 metros. Color cereza intenso, en nariz la mora y la frambuesa se despliegan con descaro, notas de vainilla y cacao, hierbas aromáticas y cómo no, teniendo en cuenta el afinamiento en botas de palo cortado, los frutos secos son inevitables. En boca es intenso y de un paso que no nos deja indiferentes, largo, elegante y de final sedoso.

Ha llegado el momento de hablar de Margarito y Amapolo, su proyecto personal elaborado en Andalucía.

Margarito y Amapolo, Tierras de Cádiz, Jerez de la Frontera, coupage de Tintilla de Rota y Petit Verdot,  6 meses de crianza en barrica de roble francés. Uvas procedentes de cepas de entre 8 y 13 años. Color rubí y de lágrima perezosa, en nariz la fruta negra aparece enseguida, tras su oxigenación aparecen notas de pasta de aceituna, humo y ceniza, retama. Se recomienda dejar airear con tiempo para que pueda despertar y sus aromas aparezcan poco a poco. En boca es balsámico, untuoso y sutil, al final de su recorrido el chocolate es fácilmente identificable.

Margarito y Amapolo se presenta en una producción aún más limitada en su versión Sherry, una vez finaliza su crianza en barrica de roble francés y antes de pasar a su reposo en botella, parte de la producción se lleva a afinar a botas de vino fino, esto provoca un vino que nos dará notas que nos recordarán los vinos generosos de Jerez, notas tales como corteza de pan y frutos secos como la almendra.

De nuevo Andalucía aparece tras personajes como Santiago, profesionales reconocidos a nivel mundial y que aquí en su tierra pasan desapercibidos incluso para personas del sector.

Tenemos que creer en el potencial que tenemos, en la profesionalidad de la que disponemos en esta tierra y sobre todo en el producto que aquí se elabora. Andalucía es tierra de viñedos, es tierra de vinos de calidad y debería ser tierra de grandes consumidores del mismo. Perdamos el miedo y sobre todo quitémonos esta carga de inferioridad que nos colocamos y que tanto está costando dejar en el camino.

Brindemos por un largo camino lleno de grandes descubrimientos.


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