Atrévete a saber

Una vez más me encuentro delante del portátil para hablar de lo que me gusta, a veces creo que puede ser un poco pretencioso, querer transmitir una pasión como la mía por los vinos. No me empuja nada económico, ni tan siquiera personal. Lo que me hace escribir cada vez es las ganas de saber más, porque al escribir los artículos, me enfrento a un papel en blanco que para un profesional del periodismo tiene que ser muy fácil, pero que para mí a veces es un abismo. Escribir cada palabra con los ojos cerrados aunque físicamente estén abiertos, intentando trasladarme a la bodega de la que escribo. Para pasearme por sus viñedos, tocar sus hojas, hablar del período en el que se encuentra la cepa en ese momento. Ir junto al bodeguero escuchando sus mil batallas ganadas y perdidas durante la vendimia, la vinificación y la crianza de lo que para él o ella son sus hijos.

Esta vez no hablaré de ninguna bodega en particular, quiero hablaros de lo importante que es que sepamos la historia que envuelve cada una de las copas que sostenemos de vino. Es de la única manera que le damos el valor que tiene. Me gusta conversar de esto con las personas a las que le hago una cata dirigida, porque ahí es donde me doy cuenta de que les he despertado la inquietud por saber más, ahí hemos dado un paso importante. Sólo nosotros mismos sabemos lo que nos gusta o no, no hay una ciencia que pueda estar en nuestro paladar. Si nos sentimos perdidos ante un nuevo sabor, una nueva sensación, ahí podemos entrar personas como yo, que te pueden dirigir al camino de descubrir un nuevo mundo de sabores y emociones al tomar vinos.

Los vinos, como el aceite, parten del campo. Si la cepa está sana, su entorno es perfecto y la climatología le acompaña tenemos la parte más importante hecha del vino. Hay factores que están en las manos de los viticultores, una poda correcta, eligiendo si queremos producción o calidad, un buen seguimiento sobre posibles plagas que puedan afectar al viñedo, escuchar las necesidades que tiene la tierra. Otras no están en sus manos, como puede ser las horas de sol, la lluvia, tormentas o sequía. La vendimia es un trabajo de 24 horas, y no porque estemos vendimiando todas ellas, sino porque para que el trabajo ya dentro de la bodega sea más fácil, hay que recoger la uva en su estado óptimo de maduración para el vino que queremos obtener. Eso a simple vista nos puede parecer tarea sencilla, pero os puedo asegurar que no lo es. Cada variedad de uva madura de una forma diferente y dentro de la misma variedad, cada parcela de ella madura diferente, dentro de cada parcela cada cepa madura diferente. Hay que estar continuamente en campo controlando el día exacto que se debe vendimiar.

Dentro de la bodega el control sanitario de las uvas que llegan, la limpieza de la maquinaria de despalille, la prensa y los depósitos donde va a parar el mosto, es un ir y venir de mozos que saben que cualquier error puede echar a perder el trabajo que hasta ahora se ha realizado. De nuevo desaparecen los horarios de trabajo. El control de la temperatura de fermentación de los depósitos deja al bodeguero y enólogo pendientes de sus vinos las noches enteras. Todo debe ser perfecto para que podamos disfrutar de los vinos que llegan a nuestras mesas. Explicando esto de una forma demasiado resumida, porque unas simples hojas no bastan para contar lo que se vive en una bodega durante todo un año vinícola, pretendo despertar el interés por saber todo lo que conlleva poder disfrutar de un vino, un buen aceite, todo lo que implique el esfuerzo de personas. Sólo de esta forma podemos valorar lo que cuesta conseguir satisfacernos como consumidores. Todo suma en nuestros cuerpos cuando tomamos algo de mala calidad o manipulado de forma química.

Cuando estemos ante una copa de vino, mirad su color e intentad ver las horas de sol del campo, las manos de los viticultores mimándola y el esfuerzo de una labor ancestral … disfrutad de ella sumergidos en un universo de aromas que evolucionan a cada golpe de movimiento de la copa. Todo lo que hagamos a lo largo de nuestra vida, el cuerpo nos lo recordará al final de nuestros días … la mujer más longeva de España tomaba una copita de vino cada día, algo tendría que ver.

Atrévete a saber más cada día y navega en un mundo tan maravilloso como el de los vinos de nuestra tierra.


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